Blog de Sergio Mercurio, el Titiritero de Banfield (por lo menos hasta que aparezca otro). Aquí se puede encontrar información actualizada sobre sus actuaciones y otras curiosidades.
martes, agosto 05, 2014
domingo, agosto 03, 2014
CAMPINAS
Esta sexta 8 de agosto, sabado 9 e domingo 10 estarei novamente despois de dois anos no teatro do SESI de Campinas. Mas esta vez estarei com meu primer espetaculo EL TITIRITERO DE BANFIELD
domingo, julio 27, 2014
Itapetininga
1 de agosto 2014
15 horas e 20 horas no teatro de SESI Itapetininga
2 de agosto 2014
20 horas
EL TITIRITERO DE BANFIELD
15 horas e 20 horas no teatro de SESI Itapetininga
2 de agosto 2014
20 horas
EL TITIRITERO DE BANFIELD
miércoles, julio 23, 2014
martes, abril 01, 2014
Critica VIEJOS DE MI...
VIEJOS DE TODOS
Por Sergio Caracciolo
El Banfileño marzo 2014
Una pregunta queda flotando en el final del final, cuando la
oscuridad gana el espacio y el mar es mucho más que un sonido que llega pero no
alcanza. ¿Qué haremos con nuestros viejos?
Mercurio, como hace habitualmente, no da treguas, te agarra
ni bien entrás, en el clima del teatro, en el aire de su obra, en la belleza que
sabe imponer a
cada uno de sus personajes,
sencillos, humildes, temperamentales, los de goma espuma, como Juanito, a quien
tardó diez años en terminar de crear, o los de carne, como Juárez, a quien le
puso el lomo y el alma con la misma precisión con la que engendra a los
muñecos, y una vez que te reíste, porque la clave es esa y vos te vas a reír,
estás atrapado, Mercurio logró tomarte y ya no te va a soltar, hasta el final,
el final más allá del final, hasta que te vayas como un huérfano a la intimidad
de tu casa, para seguir escuchando el mar, pensando y preguntando. ¿Qué vamos a
hacer con nuestros viejos?
“Viejos de mi” cierra una trilogía, en ella el titiritero de
Banfield, que dejó de ser solamente de Banfield hace rato y en diciembre
estrenó su obra en El Salvador, fue hurgando detrás de cada uno de los huesos
de nuestros viejos, levantando sus pieles, oliendo sus sangres, bebiendo sus
lágrimas, y viene a mostrarnos, como un arqueólogo, que hay de esencia, que hay
de historia, que hay de necesidad en esos viejos que no pierden la esperanza ni
las convicciones; poniéndolos en el lugar que la sociedad se empecina en
negarles, vindicándolos, venerándolos, valorizándolos, y poniéndonos en el
lugar al que no deberíamos renunciar, el de preguntarnos ¿Qué hacemos con
nuestros viejos?
La obra, en la que Mercurio pone en juego, además de su don
de titiritero, sus dotes de artista, de actor, de soñador comprometido con los
sentimientos más hondos del ser humano, es un desgarro, donde el desamparo de
Juanito va pasando a una platea que, con la ayuda de Juárez, descubrirá lo que
tal vez haya olvidado: que más allá de los lazos de sangre, lo único que puede
salvarnos, y acompañarnos hasta el final, es el amor, o la amistad, que para el
caso viene a ser lo mismo.
“Viejos…” no permite la indiferencia, te hará sentir que la
mano del titiritero ingresa a tu cuerpo, toma tu corazón y, apretándolo, cada
vez un poco más fuerte, cada vez un poco más ligero, marca el compás del
músculo vital, durante un tiempo que excede el tiempo de la obra, como si uno
fuese capaz de llevarse al titiritero puesto, o al menos a una parte, a su mano,
que viene a ser como su propio corazón.
Así que, para decirlo formalmente, vaya, déjese llevar,
Mercurio es el mejor guía para emprender este viaje, entréguese, usted va a
reír, usted va a llorar y al final, con los ojos cerrados y la mar delante,
usted se dará cuenta que Mercurio lo hace sentir más sabio, tanto que, quizás,
con esa sabiduría que él sabe transmitir, usted, querido amigo, vos, estarás
más cerca de poder responder la pregunta que nos persigue desde el inicio. ¿Qué
haremos con nuestros viejos?
martes, marzo 18, 2014
Suena Inglés
lunes, marzo 17, 2014
VIEJOS DE MI... NUEVAS FECHAS
Nuevas fechas. Viernes 21 de marzo 22 horas,
Sábado 22 de marzo 22 horas
Domingo 23 de marzo 19 horas.
Viejos de mi…
La obra que se está viendo en Banfield,
No es dificil llegar, en estas 5 funciones vinieron personas de
Banfield, Lomas, Temperley, Lanus, Escalada, Claypole, San José, Lincoln, Ituzaingo, Liniers, Boedo, Almagro, Ramos Mejía, Belgrano, Barracas, Han venido Brasileros de paso, Bolivianos de paso, Ecuatorianos de paso, Uruguayos de paso, Estadounidenses de paso, Australianos de paso.
Y eso lo sé porque se han quedado a charlar un rato y me lo han contado o ya los conocía y por eso sabía de donde venían.
Han venido a ver mi nuevo obra, han venido a pesar de la lluvia del viernes y el paro de colectivos.
Ahora hay 3 oportunidades más de ver esta obra, Agradezco a quienes han hecho posible a lo largo de estos 21 años de trabajo, que mi trabajo sea conocido. A los que invitan a sus amigos, a los que los han traído a la fuerza. Muchos de ellos han traído a la fuerza a otros, que no creían que en Banfield había algo además de una cancha y un boliche llamado Mi Club. Muchas gracias amigos, muchas gracias por permitirme trabajar en el lugar donde vivo.
Los espero el viernes sábado y domingo en Maipu 540. a 5 cuadras de las estación de Banfield. Si venis de lejos y no tenés auto, te volves tranqui en tren o colectivo. Viejos de mi… nuevo espectáculo.
jueves, marzo 13, 2014
jueves, enero 16, 2014
VIEJOS DE MI....
Después del estreno en EL SALVADOR,
el próximo 8 de marzo estrenaré
VIEJOS DE MI...
En Banfield
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por Héctor Ismael Sermeño*
En ocasiones, cuando somos jóvenes maltratamos y/o
despreciamos a los viejos, cursimente llamados ahora «adultos mayores» en la
moda de los eufemismos políticamente correctos. No todos asumimos que con el
paso del tiempo, también llegaremos al status de viejo y que podríamos ser
maltratados también.
El espectáculo que el genial actor, productor y marionetista
argentino Sergio Mercurio trajo en su gira por América y que estrenó en El
Salvador con motivo del décimo aniversario del teatro Luis Poma, trasciende el
«sketch» tradicional que conocíamos del actor y presenta una muy acabada
propuesta teatral verdaderamente insuperable.
La historia de dos amigos ya en la vejez presenta dos personalidades diferentes; uno
caracterizado en una marioneta (Juanito) y otro representado por el mismo
Mercurio(Juárez), pero ambos actuados por el excelente artista. El
desdoblamiento del actor en escena es de tan sencillo en apariencia, grandioso,
demostrando que es muy bueno dando voz y
movimiento al personaje marioneta, como al suyo como Juárez.
Los elementos teatrales de montaje son muy bien entretejidos
y utilizados tanto dentro del proceso mismo de éste, como en el uso del espacio escénico.
Estupendas luces y dos muy buenos auxiliares en las otras marionetas que son
unas palomas y una tetera llamada coloquialmente pava en Argentina. Igualmente
la reproducción de los dibujos elaborados con polvo del mate en una pantalla,
ejemplifica como se utiliza apropiadamente la tecnología audiovisual.
Sin embargo es el texto el elemento más valioso entre
tantos: en contrapunto vamos conociendo de los personajes y cómo se han
relacionado a lo largo del tiempo que ha durado su amistad.
La música de Pugliese enmarca toda la puesta en escena, junto con la de
Juan Pablo Marcó. El tango argentino universal como elemento de identidad
cultural local y latinoamericana, tradicionalmente cargado de nostalgia, de amor
y desamor construye ambientación para los diálogos y la obra. La música llega
a parecernos un personaje más.
Mercurio hace reír,
su fino humor es cuasi necesario en sus montajes. De hecho un sector del
público esperaba solo reír. Pero esta vez también analiza un tema distinto: el
desgaste cerebral que provoca el alzhaimer, igual con mucha delicadeza y mucho
muy teatral.
Juanito llega al final de su vida sin saber que ya había
llegado, su amigo Juárez le ayuda
cargándolo como a un pequeño niño en una escena repleta de ternura con la que finaliza
el montaje. La amistad, la verdadera, la eterna, únicamente
podría finalizar de esta manera.
Sergio Mercurio nos trajo y regaló la mejor puesta en
escena de 2013; una verdadera cátedra
del quehacer teatral. Quedo agradecido.
*Escritor, historiador y crítico de artes. Colaborador de
Contracultura.
lunes, febrero 25, 2013
Un títere desborda el alma
Nota de la revista Sudestada diciembre de 2013
Sergio Mercurio en el aniversario de
Sudestada
Por: Hugo Montero
Por: Hugo Montero
Un títere baja
del escenario. Detrás va el titiritero. No hay forma de contenerlo. El muñeco
arde de ganas de preguntar, de encontrar parecidos, de urdir complicidades, de
buscar un respaldo para sus argumentos. Bobi es su nombre. Detrás, Sergio
Mercurio, el titiritero de Banfield. Y entreverados en La Casa de Claypole,
todos nosotros.
Hay algo de
duelo de caballeros en el escenario. De un lado, Sergio Mercurio, de oficio
titiritero pero también cineasta y escritor, fino artesano de la metáfora,
defensor acérrimo de algunas certezas, errante vagabundo de un continente lleno
de ojos atentos que lo miran. Del otro lado, Bobi, ese gringo de goma espuma,
irascible y atorrante, típico producto del conurbano, compulsivo cuestionador
de lugares comunes, irreverente filósofo que despierta dudas y emociona sin dar
respuestas, incisivo interpelador de un público que lo mira a los ojos, que
sonríe a su paso veloz, que desconfía de su filosa ironía, que lo sabe un par.
Ahí están: los duelistas van al combate, se pelean, y en beligerancia,
conversan. El creador y el creado se miran frente a frente. Y en ese momento,
se dividen. Ya son dos, y disputan cada uno a favor de sus verdades. Es un
duelo, un extraordinario y movilizante duelo entre dos historias donde respira,
como trasfondo épico, el complejo desafío de la independencia.
Sergio, el
titiritero, procura contenerlo, apela a la mesura, intenta canalizar el
desbordado entusiasmo de Bobi hacia un espectáculo que se abre y que no
reconoce fronteras teatrales. Porque Bobi respira sus propios deseos, baja del
escenario porque es así de caprichoso y porque tiene ganas de romper todo:
pregunta sin red, encuentra parecidos en la platea, aprovecha complicidades,
persigue el rastro de una idea, hurga detrás del pudor de cada espectador. Algo
busca. Y para cuando regresa a su lugar, la batalla ya está decidida. Aquel
estigma del personaje y su creador ha sido quebrado por el talento de Sergio
Mercurio y por la espontánea frescura de Bobi. No se trata de Arthur Conan
Doyle, tan agotado del éxito de su personaje más famoso, Sherlock Holmes, que
elige quitárselo de encima lanzándolo por una catarata junto a su archi rival.
Tampoco de Hugo Pratt, que lleva durante décadas a su Corto Maltés a cuestas,
de viaje por su infancia y juventud trashumante, como ese otro yo que cumple
con sus anhelos y se transfigura en aquello que no pudo ser. No, Mercurio
mantiene otro tipo de vínculo con su criatura. Indefinible, pero vital.
Beligerante, pero entrañable.
El espectador
quizá no lo sabe, pero Sergio hace más de dos decádas que se sube a los
tablones de América Latina y rompe la oscuridad, que lo espera. Año tras año,
su mano busca el títere, a ese que enciende una luz inasible. Y su rostro cobra
vida. Basta con presenciar uno solo de sus espectáculos para ser testigo de
semejante epifanía. Basta con asistir a una sola de esas secuencias para
repetir estas preguntas que siguen, como un estigma ¿Cómo será ese instante
previo, fugaz, en que el titiritero acomoda su criatura sobre una mesa y lo
prepara? ¿Qué murmuran en la intimidad perfecta esos dos, cómplices de tantas
aventuras, escuderos de tantas sonrisas, corajudos artistas que levantan la
cabeza y dejan atrás las fronteras, los dialectos, los humores y cansancios de
aquellos que los miran? ¿Quién protege a quién en escena? ¿Quién conduce el
episodio y quién acompaña? ¿Hasta dónde se funden los dos? ¿Qué es aquello que
nos hace indagar a nosotros mismos en lo menos pensado, en lo más profundo, en
el más perturbador de los recuerdos, en la risa como herramienta para
comprender?
Hace un par de
semanas, un centanar de amigos y compañeros de esta publicación tuvimos la
fortuna de asistir a un show singular de Sergio Mercurio.Y de Bobi, claro. Fue
en La Casa de Claypole, un lugar donde desde hace un año y pico crece una
semilla misteriosa; lejos de los ruidos de la cultura del despacho y los
subsidios, más lejos todavía del ceremonial de los burócratas y los
funcionarios de estrecha ventanilla. En ese barrio, en ese teatro de vecinos y
compañeros con ese espectáculo de lágrimas y sonrisas alternadas, elegimos
festejar los once años de Sudestada ¿Por qué? Porque nos gustan los atorrantes
del conurbano, como Bobi, los que no se resignan a escuchar lugares comunes y se
fastidian, y no se bancan quedarse callados. Porque nos cae fenómeno el trabajo
de Sergio y porque, de algún modo inquietante, nos sentimos abrigados en su
sombra de caminante americano. Y porque,
a la hora de aplaudir de pie, nos gusta pisar el barrio y saludar a los amigos.
A los de siempre. A los nuevos. A los que pelean. A los que se nos parecen.
Pero también, a los de goma espuma.
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